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Charla por Malvinas: “volverán a ser parte de nuestra Nación”

Publicado: 07/05/2018


El pasado 28 de Abril cinco pilotos contaron a una pequeña multitud reunida en el Aeródromo de Morón cómo fueron los combates en el Atlántico Sur durante la Guerra de Malvinas. El ataque al Invencible, el Hércules bombardero, las maniobras para esquivar misiles y otros secretos de la última batalla aeronaval convencional.

El clima frio del sur del país llegó para sorprender durante el pasado fin de semana a los asistentes al Aeródromo de Morón. Como emulando el paisaje de las Islas Malvinas, la llanura de la pista se veía cubierta por un cielo denso y plomizo. Ni la lluvia ni la distancia fueron problema para los interesados en la historia, el vuelo y la contienda que en 1982 enfrentó a argentinos y británicos en el Atlántico Sur.

Organizada por la Sociedad Argentina de Aviación, se brindó una charla en la que cinco pilotos que combatieron en Malvinas contaron su experiencia y permitieron conocer desde distinto ángulo, distintas misiones y aviones, parte del proceder de la Fuerza Aérea Argentina. Apenas horas antes de que se recordara un nuevo aniversario del Bautismo de Fuego de la fuerza, sus pilotos contaron su historia.

El piloto Carlos Lupiañez, presidente de la Sociedad Argentina de Aviación y titular de la escuela de vuelo Rufu que opera desde Morón, fue el anfitrión y quien se encargó de presentar a los cinco oradores. El lugar elegido fue el primer piso del edificio de las Escuelas de Vuelo, una vieja construcción que perteneció a la desaparecida aerolínea CATA. Allí una treintena de aficionados, pilotos y vecinos siguieron atentos el relato de los cinco pilotos elegidos para tan especial jornada.

“Las charlas son increíbles. Cada una. La historia del ataque al Invencible es única y esa persona, ese piloto vuela acá cada fin de semana con su hijo. Es un héroe y lo vas a ver limpiando el avión, cargando combustible, es único”, explicó a Castelar Digital Lupiañez. “Nosotros convivimos los pilotos, militares y civiles, y la guerra siempre fue un tema muy allegado, muy pendiente. Tuve la suerte de ir a Malvinas como piloto civil, tuve un padre que fue a Malvinas como piloto de Fuerza Aérea y tengo la suerte de compartir con estas bestias del aire. Queremos con estas charlas, que se conozca sobre Malvinas, y además que la gente vea la humildad que tienen, la sencillez que tienen. No vas a encontrar a ninguno de los veteranos que te diga que es veterano, después de charlar te vas a dar cuenta y le vas a decir, ‘vos estuviste?’ ‘Si’, ‘y qué hacías’, ‘volaba’”.

Las sillas del aero bar estaban dispuestas como auditorio. A sala llena cada charla se dio en silencio y ante mucha atención. Sólo al final se dio lugar a las preguntas y durante los descansos y al terminar se permitió el saludo, el abrazo, el autógrafo y las notas.

“Estoy emocionado, feliz de que el tema siga convocando, llamando, participando. Para mí es una alegría inmensa que hoy chicos posteriores al 82, nacidos después de la guerra, vengan a interiorizarse en lo que pasó, nadie está de acuerdo con las políticas y menos con los políticos, pero sí con los valores. Entendamos que son héroes, que tenemos la suerte de que viven con nosotros y aprovechemos su experiencia que es única”, completó Lupiañez.

Argentina recuperó las islas el 2 de abril pero los enfrentamientos comenzaron el 1 de mayo y finalizaron el 14 de junio. Durante ese mes y medio se realizaron miles de misiones con casi todos los aviones que disponía la Fuerza Aérea de día, de noche, rasante sobre las olas o desde gran altura, a posiciones sobre las islas y al corazón de la flota británica. De estos cruces beligerantes surgieron miles de historias, anécdotas, vivencias de coraje y pérdidas irremediables.

La primera de las charlas estuvo a cargo del VGM Comodoro (R) Jorge Senn que durante 1982, con el grado de Teniente, era piloto de Dagger, un veloz cazabombardero de factoría israelí idéntico, por ser una copia sin licencia, al esbelto y supersónico Mirage V francés. Estos aviones operaron desde Rio Grande y desde San Julián. Por su corta autonomía y con ella rango de acción no contaban con mucho tiempo para combatir sobre las islas, empero se dedicaron a misiones de cobertura aérea, de ataque a tierra, de distracción entre otros y principalmente misiones de ataques a buques. 11 aviones fueron derribados con distintas armas durante la guerra, uno de ellos fue el del Comodoro Senn.

El piloto narró cómo fue su misión del 21 de mayo. Una escuadrilla de tres aviones Dagger despegaron por la tarde con el indicativo ‘Ratón’ para atacar buques en el Estrecho de San Carlos, la porción de mar que divide las dos islas principales que componen a las Malvinas. Los aviones Mirage y Dagger ingresaban a la zona de conflicto casi por los mismos corredores todos los días ya que al estar limitados en combustible no podían desviar mucho su ruta para alcanzar sus blancos. Los Sea Harrier, los aviones caza bombarderos con los que contaba la flota británica, aviones con capacidades electrónicas muy superiores a los aviones argentinos, los esperaban en ese corredor para interceptarlos. Senn narró cómo al estar sólo a un minuto del blanco asignado, volando rasante y a mil kilómetros por hora, su escuadrilla se topó con dos Harriers. Lanzaron sus bombas y tanques suplementarios y entablaron combate. El resultado fue el derribo de los tres Daggers y el daño de uno de los Sea Harriers alcanzado por los cañones de uno de los deltas.

La segunda charla estuvo a cargo del VGM  Brigadier Mayor (R) Alberto Vianna quien voló aviones de transporte Hércules C-130 durante la guerra y develó ante un público absorto una de las misiones más secretas de la contienda llevada adelante por la aeronáutica argentina: la utilización de un avión de carga como bombardero y la efectividad de este que dañó al buque de mayor porte impactado durante el conflicto. El C-130 Hércules es el avión de transporte más fácilmente reconocible de los utilizados por las fuerzas armadas argentinas. Se trata de un cuatrimotor turbohélice de ala alta especializado en el transporte de carga, tropas, pertrechos, evacuación de heridos y reabastecimiento en vuelo (en la versión KC-130). Durante la guerra hizo todo esto y aún más. Con el inicio de los combates y con la repetida confirmación de que los buques británicos no eran invulnerables surgió la idea de equipar a un avión de carga con bombas para poder atacar a los buques logísticos que, en tráfico por el Atlántico, abastecían a la flota británica de combustible, munición y repuestos. Lo que parecía un sueño trasnochado se empleó en dos oportunidades. La primera se atacó al British Wye el 29 de mayo impactándolo con una sola bomba, de las doce que se le lanzaron, provocando daños menores. El segundo buque atacado fue el 31 de mayo, se trató del Hércules, un superpetrolero inmenso que se sospechó abastecía de combustible aeronáutico a los portaviones ingleses. El buque fue bombardeado con éxito por el C-130, que operó desde El Palomar, y luego también por aviones bombarderos BAC Camberra que operaban desde Mar del Plata. El C-130 no fue diseñado para este tipo de misiones, pero el ingenio argentino lo dotó de un sistema de lanzamiento de bombas, soportes bajo las alas y una mira de IA-58 Pucará adaptada en la cabina para los cálculos de tiro. Esta misión, como otras, fue mantenida en secreto durante casi 30 años por ser polémica y haber generado acciones judiciales contra la Argentina.

La tercera charla fue dedicada a los pilotos y mecánicos civiles que integraron el Escuadrón Fénix, un grupo aéreo convocado extraordinariamente ante la inminente guerra a mediados de abril del 82 y que cumplió todo tipo de misiones con una gran variedad de aeronaves civiles y comerciales de distinto porte y capacidades. El Escuadrón Fénix demostró el apoyo civil a la causa Malvinas y la capacidad técnica de los profesionales del aire. Aviones como los Learjet 35, típico avión ejecutivo, o Mitsubishi MU2, habitualmente dedicado al transporte de pasajeros, realizaron misiones de reconocimiento, transporte de personal, transporte de repuestos entre las distintas bases de la costa atlánticas, guiado en misiones de combate o de traslado hacia las islas, ya que muchos de los aviones civiles contaban con mejor equipamiento de navegación que los cazabombardero, y misiones de diversión, estas son salidas simulando ataques con el fin de obligar al enemigo a iniciar una acción para repelerlos pero regresar antes de llegar al alcance de sus armas y así desviar la atención del ataque real o bien generar un desgaste del material del contrincante. Durante una de estas misiones fue derribado el Learjet T-24, que si bien integraba la dotación de la Fuerza Aérea formaba parte del Escuadrón Fénix. La charla brindada por el VGM Carlos Rodríguez, actual Vicepresidente del Escuadrón Fénix fue de las más emotivas de la jornada y apuntó a los pilotos civiles presentes en el público: “El Fénix es un engranaje más de todo el componente aéreo. Hacíamos las misiones de diversión, guiado de aeronaves, identificar barcos amigos. Fue muy importante el trabajo en equipo que hicimos con la Fuerza Aérea Argentina. Una capacidad operativa ilimitada… con nuestra baja que fue nuestro jefe (Comodoro PM Rodolfo De la Colina) en el Lear 35, el Tango 24, pero no dejamos de seguir adelante con nuestra meta que fue acompañar a la fuerza aérea durante todo lo que duró el conflicto”, señaló a Castelar Digital.

“Las primeras décadas después de la guerra fueron desmalvinizadas, pero ahora está volviendo, nos convocan a charlas, la gente se interesa. Por las acciones, el heroísmo y por evitar la desmalvinización, hay mucho por contar todavía, la gente no ha escuchado a los héroes en las batallas aéreas. Lo que se hizo en Malvinas obligó a la OTAN a cambiar la construcción de los barcos por los materiales que empleaban: el aluminio era más liviano, el barco iba más rápido, pero se quemaba como papel de alfajor. El objetivo final es que nuestras islas vuelvan. Pasados los años y el esfuerzo que hizo esta gente va a haber en algún momento una negociación”, completó el piloto.

El Escuadrón Fénix realizó 14 misiones de guiado de escuadrillas de ataque táctico y bombardeo, 28 misiones de retransmisión de comunicaciones y 123 misiones de diversión.

La segunda parte de la jornada estuvo a cargo de otros dos pilotos veteranos y  reconocidos por sus acciones. Primero habló el VGM Brigadier (R) Carlos ‘Talo’ Moreno piloto de Dagger quien entabló el primer combate aire–aire del conflicto. El 1 de mayo por la mañana despegó desde Río Grande liderando la sección (dos aviones) de nombre ‘Toro’ armado con cañones y misiles de corto alcance y guía infrarroja. Ya sobre las islas, el radar de Puerto Argentino lo envió al encuentro con dos Sea Harrier. Los cuatro aviones se cruzaron en el cielo y comenzaron a hacer maniobras para intentar colocarse a la cola uno del otro para tener un buen ángulo de disparo con sus armas. Los británicos, con un misil más sofisticado que el que portaban los cazas argentinos, lanzaron un misil pero gracias a la pericia de los pilotos de los Dagger lograron esquivarlo. El brigadier Moreno explicó además el funcionamiento de la guía de los misiles, las diferencias entre los que contaba la Argentina y Gran Bretaña y por qué logró esquivar aquel misil que lo tenía como objetivo.

El cierre estuvo a cargo del VGM Comodoro (R) Gerardo Isaac quien narró su experiencia en el ataque al portaviones HMS Invincible el 30 de mayo de 1982. Los portaaviones, en toda flota en combate, son el blanco mejor defendido y el de mayor valor. Durante la Guerra de Malvinas Gran Bretaña operó dos, el HMS Hermes y el HMS Invincible. Calculando los vuelos realizados por los aviones británicos se pudo detectar las zonas en las que operaban estos portaviones, entonces se planificó una operación conjunta entre aviones de la Fuerza Aérea y del Comando de Aviación Naval de la Armada Argentina para atacar a uno de los portaaviones. Dos aviones Super Etendard de la Armada y cuatro A-4C Skyhawk de la Fuerza Aérea, apoyados por dos reabastecedores KC-130 y otras naves cumplieron con el objetivo. Isaac piloteó uno de los A-4 que llegaron hasta el blanco y lanzaron sus bombas. El A-4C es un cazabombardero subsónico especializado en el ataque a tierra. La versión C es muy parecida y levemente superior a la versión B, la misma que voló el vecino Alberto Filippini durante la guerra. En esta misión los Super Etendrad lanzaron el último misil Exocet con el que contaba Argentina. La misión se concretó atacando al portaviones desde el sureste desde un ángulo inesperado por los británicos. Los Etendard de la Armada identificaron con sus radares el blanco y lanzaron el misil. Los A-4 de la Fuerza Aérea siguieron la estela dejada por éste y llegaron hasta el portaviones para bombardearlo. De los cuatro Skyhawk asignados al ataque dos fueron derribados pocos kilómetros antes del blanco y otros dos lograron alcanzar el buque. La descripción de la misión, de los peligros, la planificación y el compromiso estremecieron al público quien siguió el relato en silencio. Se trató de la misión más osada realizada por la aviación de combate. Al día de hoy el Reino Unido niega que su portaviones haya sido alcanzado aunque existen pruebas y detalles que lo confirman. “El ataque al portaviones desde el primer día no fue reconocido, ni la avería, ni el ataque. El Invincible era el buque insignia, era entrar en el centro de la flota, era algo muy difícil de explicar. Inglaterra veló esta información por 90 años. Sólo queda nuestro testimonio, el de los dos pilotos que quedaron como testigos de este ataque en el lugar y lo que estuvieron en la zona e involucrados. El resto en algún momento se va a saber”, explicó Gerardo Isaac a Castelar Digital.

“Realmente estoy muy agradecido de que me hayan invitado, agradecido a los que vinieron a escucharnos. Estoy sorprendido por el grado de concentración, de atención, y básicamente de respeto que nos manifestó la gente que vino hoy acá, tengo solo palabras de agradecimiento por lo que sentí hoy. Quiero recordar a los 649 argentinos que cayeron por nosotros, por esta causa aglutinante que es Malvinas, pero quiero destacar a los 55 hombres de la Fuerza Aérea. Por otro lado yo lo vivo personalmente con el deseo interior de que en poco tiempo, o el tiempo que se necesite, nuestras Malvinas vuelvan a ser lo que tienen que ser, parte indisoluble de la Nación. Tengo el pensamiento permanente en aquellos que nos acompañaron pero dejaron la vida y están en un nivel superior al nuestro”.

Isaac era apenas un alférez cuando subió a su avión y aceleró hacia el blanco más difícil de toda la guerra. Él y muchos de sus compañeros han recibido la máxima condecoración brindada por la República Argentina, la Cruz al Heroico Valor en Combate. Sólo 21 personas han sido laureados con tal alta distinción. Este heroico piloto engrandece el cielo de Morón todos los fines de semana volando en aviones civiles: “Tengo un hijo que es piloto comercial, cuando puedo lo acompaño, el vuela y yo acompaño, en la escuela de vuelo Rufu que es donde él vuela. Lo acompaño para verlo, para divertirme, pero fundamentalmente me da una sensación muy linda de satisfacción ver a un hijo mío volando”.

En el mismo Aeródromo de Morón, pero hacia el otro lado de la pista y dentro de la Base Aérea Militar Morón, el Museo Nacional de Aeronáutica atesora varios aviones que volaron y combatieron en la Guerra de Malvinas. En muestra permanente se destacan los A-4B y C, Mirage IIIEA, IAI Dagger, BAC Canberra, el prototipo del IA-58 Pucará, Learjet 25, un helicóptero Bo-105 entre otras históricas naves.

Tras los aplausos del cierre de las charlas llegó un momento emotivo. Carlos Luipañez entregó a cada orador pequeñas rocas traídas de Malvinas, las mismas que se encuentran en el Cementerio Argentino en Darwin. Las lágrimas, los abrazos, los apretones de manos, los saludos y el reconocimiento fueron el broche de cierre de tan grata jornada.

Entrevista, redacción y fotos: Leandro Fernandez Vivas

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